Accesibilidad
Todas las personas pueden orientarse y circular con autonomía, independientemente de su movilidad, edad o diversidad funcional. El espacio indica dónde estás, hacia dónde vas y cómo llegar.
Cuando nos ponemos las «gafas lilas», activamos una mirada de género interseccional sobre los espacios: observamos si responden a las necesidades de las personas que los usan, si son inclusivos, respetan distintos ritmos, facilitan los cuidados y reconocen la diversidad. Estos indicadores nos ayudan a leerlos, cuestionarlos y transformarlos.
Todas las personas pueden orientarse y circular con autonomía, independientemente de su movilidad, edad o diversidad funcional. El espacio indica dónde estás, hacia dónde vas y cómo llegar.
La seguridad aparece cuando hay ojos en la calle: plantas bajas activas, usos diversos, buena iluminación, recorridos visibles y ausencia de rincones oscuros.
La calle permite cuidar, acompañar y descansar. Hay bancos, sombra, baños públicos accesibles y espacios cómodos para la infancia y para quienes cuidan.
Vegetación, agua potable, sombra y materiales permeables ayudan a estar mejor, drenar lluvias fuertes y evitar superficies que queman. El confort es salud urbana.
Murales, historia cotidiana, arte local y lugares de encuentro sin consumo hacen sitio a mujeres, colectivos disidentes y otras vidas históricamente invisibilizadas.
La ciudad se construye con quienes la habitan. Las soluciones deben situarse en un territorio concreto y responder a las necesidades de una población concreta.